Era una noche oscura y tenebrosa la lluvia
caía persistentemente una de esas noches largas de cualquier ciudad; yo iba
tambaleante cayendo y parándome a cada momento con la ropa mojada y llena de
barro, un hilo de sangre rodando por mis labios esperando la oportunidad para
alcanzar mis ropas; con la respiración entrecortada y un leve temblor en mis
manos agrietadas por el frió.
Un calor insoportable ardía en mi frente,
las pocas personas que se aventuraban, retaban aquel clima y pasaban a mi lado,
me miraban con lastima y ofrecían su ayuda, yo no las oía o no quería oírlas,
solo las insultaba y huían de mi con pánico.
Poco a poco, cuando mis pestañas me lo
permitieron fui divisando una esbelta figura que se acercaba con paso firme y
seguro, sobre su cabeza un bello sombrero y un paraguas que cubría su hermoso
cuerpo, un reluciente abrigo azul con franjas doradas.
Frote mis ojos creyendo ver una alucinación,
ya casi rozaba mi cuerpo, sentía su aliento fresco que penetraba intensamente
por mis poros, alce la mirada y vi su rostro quede paralizado ante su belleza,
por un momento creí ver a Nefertitis, la gran diosa egipcia, volví a frotar mis
ojos, allí estaba mirándome con unos luceros claros y dominantes, como tal luna
en su boca una grata sonrisa.
Alargue mi trémula mano y toque su rostro,
era puro y terso como porcelana al roce experimentado en su rostro sentí que un
rayo recorrió mis venas y huesos, ella se apartó y continuo su camino;
reaccione al ver que se alejaba y la seguí como un condenado a muerte, por
momentos se paraba y volteaba a verme con una sonrisa melodiosa en sus carnosos
y torneados labios.
Detrás de ella y sin poder emitir palabras,
gesticulaba y le imploraba por un poco de amor, solo obtenía risas que
estimulaban más mi deseo carnal y espiritual
De pronto se paró ante una puerta y entro,
yo corrí tras ella hasta llegar a la puerta, entre sin llamar, dentro de aquel
aposento no había nada ni nadie, cuatro paredes me observaban con desdén, el
gran esfuerzo me hizo caer al piso frió, el sueño me venció y al despertar
estaba en mi cama con una agradable sensación, a mi lado un sombrero, un
paraguas y un abrigo.
Miguel Correa.
Bravo Miguel, así es la pasión no correspondida y siempre la vivimos mentalmente y físicamente, solo queda el deseo.
ResponderEliminarLos deseos son nuestros y muchas veces les rendimos culto, otras los reprimimos y algunas veces los expresamos de diferentes formas, la clave esta en controlarlos y hacerlos beneficiosos a nuestra causa.
EliminarLa clave esta en compartir esa pasión porque sino nos quema y nos derrite.
ResponderEliminarTodos nos enamoramos de un ser especial y a veces nos estrellamos con una pared.
ResponderEliminarSi eso sucede mucho.
EliminarLa mujer de todo soñador.
ResponderEliminarYo quiero una¡
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